Maduro, el Trofeo que se niega a serlo

05.01.2026

Las imágenes son brutales en su simplicidad: Nicolás Maduro Moros, Presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, baja cojeando del avión en una pista de Nueva York, rodeado de narcotraficantes de la DEA y hace, cuando ve la primera cámara, la señal de la Victoria. Su rostro muestra el cansancio físico, el rastro de la violencia recibida. Los captores imperiales orquestan la escena para el espectáculo global: he aquí al "trofeo de guerra", al "narco-dictador" reducido, entregado a la "justicia" del imperio. Es el clímax visual de su narrativa, el momento en que, según su guion, la resistencia debe quebrarse y el mundo debe ver la derrota final de la Revolución Bolivariana.

Pero ocurre algo que desbarata por completo el teatro. Ante las cámaras, herido y bajo custodia, Maduro no adopta la postura del vencido. No baja la mirada. En un acto de soberanía personal y política insólito, bromea. Con una sonrisa irónica que atraviesa la pantalla, hace un comentario, quizás sobre sus heridas o sobre la farsa que está presenciando. En ese instante, ocurre una inversión dialéctica perfecta.

El trofeo de guerra se transforma en acusador. El hombre que debería simbolizar la sumisión se erige en símbolo de la inquebrantabilidad. Su cojera no es signo de derrota, sino de batalla librada. Cada paso doloroso es un testimonio mudo de la agresión sufrida. Su broma es el arma última del resistente: el desprecio ante el poder que intenta humillarlo. Es la misma sonrisa del Che ante sus verdugos, la misma entereza de Fidel en el juicio del Moncada. No es bravuconería; es la demostración suprema de que su moral revolucionaria está intacta, de que pueden capturar su cuerpo, pero no su voluntad ni la legitimidad histórica que representa.

Estas imágenes, por tanto, no deben leerse como Washington las diseña. Deben leerse como:

1. La Prueba del Crimen: La cojera y las heridas son la evidencia física incontrovertible de la violencia del secuestro de Estado. Son la materialización de la agresión imperial que tantos comunicados denuncian. Exhiben no el poder de EE.UU., sino su barbarie.

2. El Fracaso de la Propaganda: El plan era mostrar un hombre quebrantado. Lo que muestran es un líder entero en su convicción. La máquina propagandística yanqui, por una vez, se vuelve contra su dueño. En lugar de infundir miedo, la imagen de Maduro herido pero desafiante puede infundir rabia y dignidad en quien la contempla.

3. El Llamado Más Elocuente: Ningún discurso, por ardiente que sea, puede tener la fuerza retórica de esas imágenes. Son un llamado tácito y monumental a la solidaridad. Gritan, sin palabras: "Aquí estoy. Esto me hicieron por defender lo nuestro. La lucha no termina aquí".

Por eso, la tarea inmediata de los pueblos del mundo es robarle el marco al imperio. No debemos dejar que esas imágenes circulen con el pie de foto que Washington escribe. Debemos inundar las redes, los medios alternativos, las asambleas populares, con la interpretación correcta: "He aquí a un Presidente secuestrado y torturado, que aún así sonríe porque sabe que su pueblo no se rinde."

La llegada de Maduro a Nueva York no es el epílogo de una derrota. Es el prólogo de un nuevo y más intenso capítulo de la lucha. Su cuerpo herido en suelo estadounidense es la bandera más poderosa que hoy tiene la Revolución Bolivariana. Nuestro deber es enarbolarla, multiplicarla y convertir la indignación que provoca en organización, movilización y resistencia activa hasta lograr su liberación y la derrota definitiva de este acto de piratería internacional. La dignidad, aunque cojee, siempre avanza.

4 de enero de 2026

Fuente: Facebook José Carlos Vinasco Gamboa

Email: macvivacuba@gmail.com
Creado: 1ro de Marzo de 2021 
Creado con Webnode Cookies
¡Crea tu página web gratis! Esta página web fue creada con Webnode. Crea tu propia web gratis hoy mismo! Comenzar